
Otro día indagamos más en Futurama, pero después de hablar sobre astronomía hoy se me ha ocurrido hablar de biología. Y es que aunque no destaco por mi capacidad de memoria, hay ciertas cosas que no se me olvidan. Y una de ellas es el tema de la reproducción, eso siempre tiene que estar en mente.
Todos sabemos que los humanos necesitamos de un óvulo y de un cabezón espermatozoide. La teoría es fácil, el óvulo aporta la mitad del ADN y el espermatozoide la otra mitad; es por ello que tenemos rasgos de nuestros padres, de ambos. Pues bien, todo eso es falso, bueno, no tanto. Las células (entre ellas óvulos y espermatozoides) tienen unos orgánulos llamados mitocondrias que les proporcionan energía para la actividad que tengan que realizar, una de ellas es el desplazamiento. Pues bien, los espermatozoides tienen muchas mitocondrias en la cola o flagelo, pero este no aporta ADN en la reproducción, pues sólo la cabeza atravesará la membrana del óvulo, quedándose la cola fuera. Pero los óvulos también tienen mitocondrias pues tienen que desplazarse desde los ovarios hasta el útero.

Oye Miky, ¿esto a qué viene?
Pues bien, las mitocondrias tienen ADN, y ese ADN mitocondrial presente en el óvulo pasa inalterado de una generación a otra.
Pero entonces ¿nos parecemos más a nuestras madres?
Exacto, genéticamente sí
Pero no sólo eso es un dato importante. El ADN mitocondrial no se junta/recombina con el ADN que proporciona el espermatozoide, así que permanece inalterado generación tras generación excepto por mutaciones, que según los estudios suceden cada 10.000 años. Venga, alguien ya lo ha pillado, hay estudios que han trabajado sobre el ADN mitocondrial y que han llegado a la conclusión de que la humanidad actual tiene 7 madres, llamadas las 7 Hijas de Eva.
La más antigua de las cuales vivió hace 45.000 años y la más moderna hace 15.000 años. Y, en efecto, la Eva mitocondrial vivió hace 150.000 años.
Atentos, porque en breves volveremos a hablar sobre el ADN mitocondrial ![]()
Por Miky
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A pesar del título de este artículo no es de filosofía de lo que vamos a hablar, o quizá sí, pero en su acepción más clásica, la de “una forma de vivir”





