Corrían los años 90 y un licenciado del lejano Oeste llamado Clint Eastwood se echa una cámara al hombro y nos recupera un género del que apenas quedaban rescoldos, el western. Y no sólo lo recupera, sino que le da una perspectiva mas interesante, humana y humilde, creando un compendio de actitudes, sentimientos y realismo. No es una peli de entretenimiento, es un ejercicio nihilista al género. Si en los films del Oeste (ya sean los suaves westerns americanos o los violentos spaghetti westerns) quien mataba,
mataba... en Sin perdón los remordimientos juzgan a los verdugos, la conciencia aturde, el corazón late y las mujeres, pese a ser prostitutas, siguen siendo mujeres. Una sacudida moral al género.
Con un reparto estelar en pleno estado de gracia (Morgan Freeman, Gene Hackman y el mismísimo Clint Eastwood), este western adquiere un carácter poético inusual en este tipo de cine. Y que nos recuerda más a los caóticos samuráis de Kurosawa, que a los pistoleros de Leone (y eso que Sergio Leone se basó en Los siete Samuráis de Kurosawa para crear el Spaghetti Western).
Su guión, luego calcado para el Ocaso del samurai, es simple pero bien aprovechado por el Sr. Eastwood. Creando un film del Oeste donde apretar el gatillo no es tan fácil y gratuito como en sus pioneras. Bang!!! Bang!!!
Publicado por J.M. Castillo
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