
Estando esta mañana dentro de un ascensor, me he dado cuenta que siempre solemos hacer lo mismo cuando entra un extraño o algún vecino poco conocido.
Si es desconocido solemos decir un: ¡hola! ¡buenos días! O algo parecido y hacemos tres posibles cosas:
1.- Miramos al suelo, nuestros zapatos, los del extraño, etc. ¿Acaso pensamos encontrar algo?
2.- Miramos al techo. ¿No son casi todos los ascensores iguales? ¿Acaso nos queremos quedar ciegos mirando los fluorescentes? O ¿simplemente intentamos encontrar visualmente la trampilla por si hay que salir en plan película?
3.- Miramos el panel que marca los pisos y vemos que el tiempo se hace eterno.
Nota: No te preocupes, pues la persona que está contigo está sintiendo lo que tu sientes.
Si es un vecino o es un medio conocido, la historia es casi igual, pero le solemos añadir temas tipo: hablar del tiempo, del trabajo, el decir: uff suerte que mañana ya es viernes o cosas por el estilo.
Si la persona es conocido o desconocida, pero está “de buen ver” y es del sexo que nos interesa (hablando sexualmente claro), las fantasías mentales están aseguradas.
En pocas palabras, todos por muchos estudios que tengamos, por distintas nacionalidad que tengamos, todos tenemos los mismos procesos mentales.
¿Curioso no?
Pedro Poch
| Comentarios |
|









A pesar del título de este artículo no es de filosofía de lo que vamos a hablar, o quizá sí, pero en su acepción más clásica, la de “una forma de vivir”





