Ultimamente ha sido motivo de debate, en los grandes medios, el tema de la educación, el fracaso escolar, la violencia en las aulas, la asignatura nueva de Educación para la Ciudadanía
y los sistemas educativos de ahora comparados con los de antes. Pero siempre se hecha en falta uno de los motivos de estos problemas, que suele omitirse o hablarse muy de pasada, quizá por lo delicado de la cuestión, y es la enorme dicotomía que existe entre educación y sociedad.
Por un lado la enseñanza se enfoca, además de sobre las materias básicas, en promover la educación en valores como la justicia, la paz, la igualdad, la solidaridad (lo cual está muy bien) y además con un talante no autoritario, donde el niño pueda aprender y desarrollarse sin perder la autoestima, ni sus características personales. Pero por el otro lado está la inevitable influencia de la sociedad en que vivimos, con películas y videojuegos violentos, y donde el mercado laboral (enormemente competitivo) no tiene muy en cuenta las bondades de la persona, ni su sensibilidad hacia los valores (aunque hay excepciones, claro), le basta con que sepa desempeñar bien su trabajo y le sea rentable a la empresa. Algo que es lógico y lícito. Pero no por ello deja de haber esa dicotomía entre sociedad y escuela.
Para algunos educadores el fracaso escolar, el desinterés de los alumnos por aprender y sacar buenas notas (con el peligro de exclusión social y marginalidad que conlleva), y la violencia que se genera en las aulas, está en relación con este desajuste con la realidad social, con lo cual, una de tres: o se adapta la escuela a la realidad social y se pierde en la formación en valores; o se trabaja entre todos para crear una nueva realidad social acorde a los valores que se enseñan en los colegios; o bien hacemos ambas cosas en un complicado equilibrio difícil de llevar.
El caso del instituto Portada Alta en Málaga (cuyo director es Antonio Marfil) es muy esperanzador, pues con su plan de convivencia ha conseguido que un instituto conflictivo se convierta en un modelo a seguir, bajando mucho los niveles de violencia y fracaso escolar. Pero para ello se han implicado docentes, alumnos e incluso exalumnos que ahora cursan Educación Social en la Universidad. Esto demuestra que cuando hay verdadera voluntad de hacer bien las cosas, se encuentran soluciones, aunque, como ellos mismos afirman, no hay fórmulas mágicas.
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De sobra es conocido por todos Jorge Bucay, el psicólogo argentino que dijo aquella famosa sentencia “Búscate un amante” como terapia para la mayoría de males emocionales y mentales que nos aquejan. Pero que en realidad quería decir esto:





