Pocas veces deja indiferente el discurso y la presencia de esta enorme mujer, Ingrid Betancourt, excandidata a la presidencia de Colombia y Premio PrÃncipe de Asturias. Hoy en Oviedo, con su discurso, habrá sacado los colores y
sacudido las conciencias de muchos dirigentes polÃticos y otras personalidades de la sociedad igualmente poderosos. Vale la pena por ello extraer algunas palabras de su discurso, muy emocionado en algunos momentos, y ofrecerlo Ãntegro en vÃdeo para los que no hayan podido verlo.
 Es claro que nuestro mundo debe cambiar y que cada uno de nosotros debe romper la maldición de su propia indiferencia. Esa transformación que nos urge, en momentos en que los rascacielos de las finanzas del mundo parecen desplomarse sobre nosotros, cuando las fragilidades de nuestra civilización se manifiestan con mayor claridad, esa transformación, que sentimos imprescindible, comienza en lo profundo de cada corazón.
Porque lo que se está cayendo es un mundo construido sobre la irresponsabilidad y el egoÃsmo. ¿Cómo pensamos salvar el planeta del calentamiento climático si no aceptamos consumir de manera diferente, y por lo tanto, si no aceptamos cambiar nuestros hábitos y nuestros placeres?
¿Cómo creemos que podremos sobrevivir a las mareas humanas de los que migran hacia Europa o Estados Unidos, si no aceptamos reconocerles el derecho a desear lo que nosotros deseamos?
Con nuestra palabra podemos reclamar otras relaciones, otros compromisos, otras soluciones. Podemos aceptar acuerdos comerciales menos buenos para nosotros, pero más justos. Podemos buscar mayores inversiones solidarias y menos rendimientos especulativos. Podemos ofrecer más diálogo y menos imposiciones por la fuerza.
Sobre todo, podemos no resignarnos. Porque resignarse es morir un poco, es no hacer uso de la posibilidad de escoger, es aceptar el silencio. La palabra, en cambio, precede la acción, prepara el camino, abre las puertas. Hoy debemos más que nunca usar la voz para romper cadenas.
Tengo la profunda convicción que cuando hablamos, estamos cambiando el mundo. Las grandes transformaciones de nuestra historia siempre fueron anunciadas antes. Asà llegó el hombre a la Luna, asà se cayó el muro de BerlÃn, asà se acabó el apartheid. Asà tiene que desaparecer el terrorismo.
 Para leer el discurso completo de Ingrid Betancourt >>
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