
Muchas veces utilizamos la expresión “sincronicidad”, ante encuentros o casualidades extrañas, sin darnos cuenta el largo, enorme e increíble alcance que puede tener semejante concepto, hoy veremos lo que implica creer que esa ley existe.
Jung decía que, ante las sincronicidades, se pueden hacer tres cosas: tomarlas como una casualidad fortuita, cerrando la mente a la evidencia; llamarlas magia o telepatía sin más; o entender que pueden ser un punto de partida para investigar lo que parece ser un principio vinculador y ver hasta dónde nos lleva.
En estas investigaciones, en las que Carl Gustav Jung no estuvo solo, insinúan la existencia de una “extraña fuerza” empeñada en ordenar y vincular ciertos acontecimientos, como si hubiera una ley que pone “orden” en los sucesos caóticos de la vida de forma continuada.
En ese sentido la sincronicidad no sería un suceso acausal, sino que, por el contrario, tendría una causa, aunque desconocida para nosotros, que escapa a los parámetros del espacio y el tiempo, pues vincula presente, pasado, futuro y espacio.
Al parecer, algunas de estas experiencias se dan cuando una persona cambia su forma de percibir la realidad, cuando su creencia de cómo son las cosas se amplía a nuevas ideas o está a punto de hacerlo. Entonces, es “fácil” que sobrevenga una secuencia de coincidencias externas que “reafirman” el nuevo punto de vista interno, insinuando la existencia de un “elemento unificador” entre el hombre y el mundo que nos rodea.
Ramón Marqués, en su libro Descubrimientos estelares de la física cuántica, explica que es lógico que nos resistamos a admitir otras leyes que no sean las de causa-efecto, donde una parte local recibe la acción de otra parte contigua, pero, en lo que él llama “campo puro” (esa extraña fuerza de la que hablábamos y que tiende a ordenar y vincular), rigen leyes no-locales y, por lo tanto, influencias que no se pueden explicar con nuestra lógica de causa-efecto.
En nuestro mundo las partes influyen sobre las partes, pero éstas a su vez son influenciadas por ese principio de Unidad. Para la sincronicidad todo está entretejido, todo tiene sentido, nada ocurre por azar. La naturaleza, la vida o “Dios” no nos pierde de vista.
¿Será verdad? Muchos queremos creer que sí.
| Comentarios |
|









A pesar del título de este artículo no es de filosofía de lo que vamos a hablar, o quizá sí, pero en su acepción más clásica, la de “una forma de vivir”





